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“Algunos hombres buenos” en una sociedad inmadura.

image_galleryLa psicología era tradicionalmente el ámbito general y habitual de ayuda profesional en situaciones personales anómalas. Sin desmérito de nuevas ocupaciones profesionales surgidas de la especialización académica y de la demanda social, es lo cierto que constituye un hecho destacable la proliferación de nuevos espacios profesionales desgajados del ordinario y cabal ámbito de la psicología. ¿Qué puede estar propiciando el surgimiento de nuevos campos de actuación profesional, antes inimaginables?

La interacción cotidiana es demasiado veloz. Nos exigimos aprovechar al máximo el tiempo y los medios a nuestro alcance para dar la talla en términos de tiempo, efectividad y productividad. Sin embargo, con tanta velocidad y autoexigencia se nos atrofia la capacidad resolutiva de problemas cotidianos y ordinarios, de tal suerte que si, por ejemplo, nos quedamos sin empleo contrataremos a un “coach”, si tenemos que tomar la decisión de divorciarnos acudiremos a un “mediador familiar”, si nuestro hijo adolescente se despista buscaremos un “educador social”, o si nos encontramos tristes, frustrados o desencantados, leeremos un “manual de autoayuda”. Si continuamos así no seremos capaces de soportar ni la más mínima adversidad sin auxilio externo y seremos cada vez más vulnerables en la medida en la que temamos resolver situaciones que invadan el campo profesional de estos nuevos especialistas.

Queremos vivir en una burbuja de inmutable estabilidad emocional, sin tomar conciencia de que nuestra vida es, como lo era la de nuestros abuelos, una sempiterna sucesión de estados de ánimo, sin que peligre nuestra integridad por sentir tristeza, frustración o mal de amores. Reivindicamos comúnmente que la paz presida permanentemente nuestras vidas, obviando que el conflicto es algo inherente a la civilización como motor de la evolución y el progreso. Hemos convertido nuestra sociedad en un ilusorio nirvana en el que vivimos como adolescentes que con egoísmo exigen no ser distraídos de sus vanas ocupaciones, cuando por el contrario vivir no es otra cosa que resolver problemas y a tomar conciencia de esto se le llama madurez.

Sin duda, al calor de tanta inmadurez, no sé bien si a modo de gurús o de empleados de mantenimiento de esta gran cadena alienadora en la que nos desenvolvemos, surgen ahora todos aquellos pseudopsicólogos, como los autores de libros de autoayuda, que se erigen en garantes de un permanente estado zen; “couches” que, aunque lo digan en inglés, son sólo sagaces oportunistas; o los mediadores, que mitigan peligrosamente el conflicto e inducen conductas con un objetivo prefijado, aun a costa de sacrificar el interés del más sensible al ahogo de la dificultad que por ello se muestra presto a capitular.

En definitiva, aunque resulte difícil de creer, cada vez es más habitual encontrarnos ante sesudos ingenieros, químicos, cirujanos, juristas, economistas o pilotos que, superados en conocimientos y eficiencia profesional, sin embargo no son capaces de discutir con su hijo o con su esposa o de pedirle ayuda o consejo a un amigo para solventar habituales y tradicionales dificultades que surgen en la vida, como pueden ser el desempleo, los conflictos generacionales, las crisis de pareja, etc.

Fco. Javier Blanco Glez.

www.blancoyblancoabogados.es

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4 comentarios

  • Alejandro Lopez (Gerente Ford Fuenlabrada) says:
    Apr 28 2016 8:25 am Responder

    Excelente…

  • Apr 29 2016 1:21 pm Responder

    Felicidades por el artículo, como siempre muy interesante, la verdad es que da mucho en que pensar.

  • ana says:
    May 4 2016 1:45 pm Responder

    Como siempre has sabido seleccionar muy bien el tema y su contenido, capaz de generar debate con una perspectiva diferente y no exento de entusiasmo.
    Enhorabuena.

  • Antonio Blanco says:
    May 18 2016 1:22 pm Responder

    Querido hermano, de acuerdo contigo en casi todo y quiero puntualizar algo.
    Como explica uno de los “Couches” que dices que están proliferando, se puede hacer una formula con una persona, que sería la de (C+H) x A, donde C es el conocimiento, H la habilidad y A la ACTITUD; mientras los conocimientos y la habilidad suman, la Actitud multiplica, y con esto no quiero decir que la paz presida permanentemente nuestras vidas, ni que queramos vivir en una burbuja de inmutable estabilidad emocional, pero si ayuda a tomarla de otro modo y a afrontar esas adversidades de otra forma; en definitiva, dar importancia a lo verdaderamente importante y saber catalogarlo en su justa medida en esa escala de importancia. La actitud cambia en las personas en función del valor que le da a lo que le rodea y si nuestros abuelos fueron más felices posiblemente estribe en que le estaban dando más importancia a lo que verdaderamente es más importante, como las relaciones humanas; hoy nos distrae cualquier tipo de problema, como que no me funciona el teléfono o no tengo wifi en este hotel.
    Un abrazo

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