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Nuestros jóvenes de hoy a examen

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Hay cosas que no cambian. El conflicto generacional impide conocer y entender a los jóvenes. Ya hace más de dos mil años maestros del pensamiento occidental como Sócrates o Platón se quejaban de los jóvenes con elocuentes expresiones, como: “La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros” (Sócrates), o “¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos” (Platón).

socrates-iiiTodos recordamos casos cercanos de delincuencia y drogadicción juvenil que en los 70 y 80 vivimos en nuestros barrios; muchos de aquellos jóvenes no llegaron siquiera a conocer la edad adulta. Afortunadamente, no todos cayeron en aquel abismo aunque algunos tontearan descendiendo peligrosamente al tártaro, para ser salvados in extremis por alguna redentora circunstancia. Los mayores ya se quejaban en aquel entonces, generalizando injustamente su opinión sobre los jóvenes. No por llevar un pantalón ajustado, una chupa de cuero y el pelo largo significaba ser compinche de El Vaquilla.

drogadictoNi aquellos jóvenes eran todos iguales, ni los de hoy son todos como los que se ven en los reality show; quizá ver esa televisión basura cause miopía e impida ver que, como antaño, son muchos los jóvenes intelectualmente sanos y desarrollados que no se ajustan a ese cliché o falso patrón tan criticado.

mujeres-y-hombres-y-viceversa-proclama-el-amor-libre-durante-el-veranoEl fenómeno del “ni-ni” es cada vez menos frecuente. Y, de hecho, podría decirse que los jóvenes actuales son los mejores de nuestra historia, pese a la grave crisis económica, los recortes en ayudas y becas, y las cambiantes y cuestionables leyes de educación. Ya no tienen suspenso el inglés, cada vez estudian más carreras universitarias, viajan al extranjero y crece su compromiso con el medio ambiente y con cuestiones políticas y de comunidad. Los jóvenes ya no “pasan”, sino que desde adolescentes son proactivos y tienen ganas de cambiar las cosas.

Además, en esta sociedad tecnológica y de la información, en la que resulta necesaria una continua adaptación al cambio, son precisamente los jóvenes quienes mejor comprenden y se valen de los medios, compensando su falta de experiencia con una mayor versatilidad en la búsqueda de la información. Por tanto, suelen ser los mejor informados y, por regla general, más sabios que los jóvenes de otras épocas.

niniSe les reprocha irreflexivamente a nuestros jóvenes de hoy tenerlo todo más fácil y no valorar adecuadamente los sobrados medios de formación y comunicación de que disponen, pero sin reparar en que ellos no han propiciado este traicionero y envenenado estado del bienestar, del consumo exacerbado y de la cosificación industrial, sino que, por el contrario, lo han heredado y lo sufren; ¿y encima les culpamos por ello? Les enseñamos a exigir derechos y cuando lo hacen les reconvenimos: “¡qué sabréis vosotros de desempleo y necesidad, con lo fácil que ahora lo tenéis todo!”  Sin embargo, si se les consultara, seguramente optarían por disponer de menos medios materiales y por un futuro más halagüeño.

Son los jóvenes que sobrevivieron a los duros años 70 y 80, que en su edad adulta gozaron del viento a favor de la nueva democracia, del aumento histórico de plazas de funcionarios y de la integración en la Unión Europea, quienes, tras propiciar y aprovechar la también histórica burbuja inmobiliaria, ahora señalan a los jóvenes de hoy como vagos e ingratos.

Hemos pasado de una juventud que perdía un año desfilando y bebiendo en las cantinas de los cuarteles haciendo “la mili”, a unos jóvenes licenciados que con la misma marcialidad tienen que “marchar” a Inglaterra o Alemania para trabajar.

En definitiva, y parafraseando al viejo actor francés, André Marcel, “No corresponde a los jóvenes entendernos, sino a nosotros comprenderlos a ellos. Al fin y al cabo, no podrían ponerse en nuestro lugar y, en cambio, nosotros ya hemos ocupado el de ellos”.

Fco. Javier Blanco Glez.

www.blancoyblancoabogados.es

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2 comentarios

  • ana barbero says:
    Sep 9 2016 1:01 pm Responder

    Sabia reflexión. En los momentos actuales es difícil encontrar palabras de comprensión hacia los jóvenes, es cierto que criticamos y es fácil la crítica, pero poco nos paramos a pensar qué les espera a nuestros jóvenes.
    Gracias por aportar otros puntos de vista.

  • José M Blanco says:
    Sep 11 2016 6:59 pm Responder

    Interesante artículo donde se evidencia que todos los jóvenes no son iguales.
    Pero quizá en ninguna época lo fueron.
    Creo que hoy el verdadero problema está en las características que las diferencia.

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